La dolarización en Venezuela no fue una decisión de gobierno. Fue una respuesta de supervivencia. Millones de venezolanos abandonaron el bolívar como moneda de referencia para sus transacciones diarias y adoptaron el dólar estadounidense como unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor.
Para marzo de 2026, la economía dolarizada de Venezuela opera en una dualidad monetaria donde el billete verde domina el comercio, los alquileres, los servicios profesionales y buena parte del consumo cotidiano. El bolívar queda relegado a pagos de servicios públicos, impuestos y transacciones de menor cuantía.
Cómo llegó el dólar a reemplazar al bolívar
El proceso fue gradual, pero sus raíces se hunden en dos décadas de controles cambiarios. Hugo Chávez Frías estableció en febrero de 2003 la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI), un sistema de control de cambio que fijaba el precio del dólar y restringía su compra. El objetivo declarado era frenar la fuga de capitales tras el paro petrolero de 2002-2003.
El resultado, con los años, fue la creación de un mercado paralelo donde el dólar cotizaba a precios muy superiores al oficial.
Durante el gobierno de Chávez (1999-2013), los ingresos petroleros permitieron sostener el esquema. PDVSA generaba divisas suficientes para alimentar el tipo de cambio preferencial. Pero cuando los precios del crudo cayeron a partir de 2014, ya bajo la presidencia de Nicolás Maduro Moros, el sistema colapsó.
La brecha entre el dólar oficial y el paralelo se convirtió en un abismo. La hiperinflación que golpeó a Venezuela a partir de 2017 terminó de pulverizar la confianza en la moneda nacional.
Las reconversiones monetarias que no resolvieron nada
El gobierno intentó soluciones cosméticas. En agosto de 2018 lanzó el bolívar soberano, eliminando cinco ceros a la moneda. En octubre de 2021 repitió la operación con el bolívar digital, quitando otros seis ceros.
En total, catorce ceros eliminados desde 2008. Ninguna de estas reconversiones atacó las causas de la devaluación: emisión monetaria descontrolada por parte del Banco Central de Venezuela (BCV), caída de la producción petrolera y déficit fiscal crónico.
- 2008: Primera reconversión. Se eliminan tres ceros. Nace el bolívar fuerte.
- 2018: Segunda reconversión. Se eliminan cinco ceros. Nace el bolívar soberano.
- 2021: Tercera reconversión. Se eliminan seis ceros. Nace el bolívar digital.
- 2019-2020: El gobierno flexibiliza de facto el control cambiario. Permite transacciones en dólares.
- 2023-2026: La dolarización parcial se consolida en las principales ciudades del país.
La paradoja de Maduro: del dólar criminal al dólar tolerado
Durante años, el discurso oficial calificó al dólar paralelo como instrumento de guerra económica. Portales que publicaban la cotización del mercado negro fueron bloqueados. Comerciantes que fijaban precios en dólares recibían sanciones.
Sin embargo, a partir de 2019, Maduro cambió de postura. En una entrevista con el periodista José Vicente Rangel, reconoció que la circulación de dólares podía funcionar como una "válvula de escape" para la economía.
Ese giro no fue ideológico. Fue pragmático. La dolarización de facto en Venezuela ya era imparable. Los comerciantes del este de Caracas cobraban en dólares. Los mercados de Maracaibo, ciudad fronteriza con Colombia, operaban mayoritariamente en divisas.
Las remesas de la diáspora venezolana, que según estimaciones de ACNUR supera los siete millones de personas fuera del país, inyectaban dólares directamente en la economía familiar.
El gobierno dejó de perseguir las transacciones en dólares y comenzó a beneficiarse de ellas. Los impuestos y tasas gubernamentales empezaron a calcularse a la tasa del BCV. Las tiendas del Estado aceptaron pagos en divisas.
PDVSA y sus filiales ajustaron contratos mixtos. La caída de la producción petrolera venezolana, que pasó de más de tres millones de barriles diarios en los años noventa a cifras que según la OPEP rondaban los 800.000 barriles diarios en sus peores momentos, hizo que las divisas petroleras ya no bastaran para financiar al Estado.
Quién tiene dólares y quién no: la desigualdad de la dolarización
La narrativa de la dolarización venezolana tiene dos caras. En Caracas, Valencia, Maracaibo y otras ciudades principales, la economía en dólares creó una burbuja de consumo visible: restaurantes llenos, centros comerciales renovados, importación de productos antes imposibles de conseguir. Algunos analistas bautizaron este fenómeno como la "Venezuela bodegón".
Pero la otra cara es menos fotogénica. Los trabajadores del sector público, pensionados y empleados de pequeñas empresas del interior del país cobran en bolívares. Su salario mínimo ha perdido prácticamente todo su poder adquisitivo medido en dólares.
Según datos del Observatorio Venezolano de Finanzas, el salario mínimo mensual equivalía a pocos dólares durante los peores momentos de la crisis. Aunque ha habido ajustes y bonificaciones, la brecha entre quienes acceden a divisas y quienes dependen del bolívar define la nueva desigualdad venezolana.
Según estimaciones de la firma Ecoanalítica, para 2024 más del 60% de las transacciones comerciales en Venezuela se realizaban en moneda extranjera, principalmente dólares estadounidenses. Esta cifra varía según la región: en zonas fronterizas y ciudades principales supera el 70%, mientras que en el interior profundo el bolívar mantiene mayor presencia.
Las fuentes del dólar en la calle
¿De dónde salen los dólares que circulan en Venezuela? Las principales vías son tres.
Primero, las remesas. La diáspora venezolana envía dinero a sus familias a través de plataformas digitales, transferencias bancarias y mecanismos informales. La CEPAL ha documentado el crecimiento sostenido de las remesas hacia Venezuela, aunque las cifras exactas son difíciles de verificar por la opacidad del sistema financiero del país.
Segundo, la actividad económica privada. Importadores, comerciantes y profesionales independientes facturan en dólares y pagan a sus proveedores en dólares, creando circuitos que apenas tocan el bolívar.
Tercero, la minería, tanto legal como ilegal. El Arco Minero del Orinoco, decretado por Maduro en 2016, y las operaciones informales de extracción de oro generan divisas que alimentan economías locales, particularmente en el estado Bolívar.
| Fuente de dólares | Alcance geográfico | Formalidad |
|---|---|---|
| Remesas de la diáspora | Nacional (concentrado en ciudades principales) | Mixta (formal e informal) |
| Comercio e importación privada | Ciudades principales y zonas fronterizas | Mayoritariamente formal |
| Minería de oro y otros minerales | Bolívar, Amazonas | Mayoritariamente informal |
| Exportaciones petroleras (vía gobierno) | Nacional (distribución estatal) | Formal |
| Servicios profesionales remotos | Urbano, con acceso a internet | Informal en su mayoría |
El dólar y las sanciones: una relación compleja
Las sanciones internacionales contra Venezuela, impuestas principalmente por Estados Unidos y la Unión Europea, añaden complejidad al panorama de la dolarización venezolana. Las restricciones sobre PDVSA, el BCV y funcionarios del gobierno dificultan el acceso institucional a la banca internacional.
Esto genera una paradoja: el gobierno necesita dólares para funcionar, pero las sanciones limitan su capacidad de obtenerlos por canales formales.
Para el ciudadano común, las sanciones tienen un efecto indirecto. Limitan la inversión extranjera, encarecen las importaciones y dificultan las transferencias bancarias. Muchos venezolanos que trabajan de forma remota para empresas extranjeras enfrentan dificultades para recibir pagos, ya que plataformas como PayPal restringieron operaciones con cuentas venezolanas.
Esto impulsó el uso de criptomonedas y servicios de transferencia alternativos, añadiendo otra capa a la realidad monetaria del país.
El gobierno de Maduro argumenta que la crisis económica es consecuencia directa de las sanciones y lo que denomina "guerra económica". La oposición y muchos economistas sostienen que la destrucción del aparato productivo, la corrupción institucional y las políticas de control fueron anteriores y más determinantes que las restricciones internacionales. Ambas lecturas capturan parte de la verdad, pero ninguna la agota.
Preguntas frecuentes
¿Es legal pagar en dólares en Venezuela?
Sí. Aunque el bolívar sigue siendo la moneda de curso legal, desde 2019 el gobierno de Maduro permite de facto las transacciones en dólares y otras divisas. No existe una ley de dolarización formal, pero la práctica está generalizada y tolerada por las autoridades. Los comercios pueden aceptar dólares y fijar precios en esa moneda.
¿Qué porcentaje de la economía venezolana opera en dólares?
No hay una cifra oficial del BCV. Firmas de consultoría como Ecoanalítica y Datanálisis han estimado que entre el 50% y el 70% de las transacciones comerciales se realizan en divisas, dependiendo de la ciudad y el sector. En zonas rurales, el bolívar mantiene mayor protagonismo.
¿Puede Venezuela dolarizarse formalmente como Ecuador o El Salvador?
Técnicamente es posible, pero políticamente improbable bajo el gobierno actual. Una dolarización formal requeriría abandonar la soberanía monetaria, algo contrario al discurso bolivariano. Además, exigiría reservas internacionales suficientes para respaldar la conversión, y las reservas del BCV se encuentran en niveles históricamente bajos. Algunos economistas de la oposición han propuesto esquemas de dolarización parcial o sistemas bimonetarios formalizados.
El siguiente paso
La dolarización de facto en Venezuela no tiene marcha atrás en el corto plazo. Revertirla requeriría recuperar la confianza en el bolívar, y eso pasa por estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y un banco central independiente. Ninguna de esas condiciones existe en marzo de 2026.
Lo que sí puede cambiar es el marco regulatorio: una formalización del sistema bimonetario permitiría proteger a quienes solo acceden a bolívares y reducir la informalidad que acompaña al dólar en Venezuela. Mientras tanto, la moneda estadounidense seguirá siendo el termómetro real de una economía que aprendió a funcionar al margen de sus propias instituciones.
Este artículo tiene carácter informativo y periodístico. Los datos presentados se basan en fuentes públicas verificables.





