El 4 de febrero 1992 marcó el momento en que un teniente coronel paracaidista llamado Hugo Chávez Frías irrumpió en la política venezolana al frente de una sublevación militar que pretendía derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez. La intentona fracasó en pocas horas, pero las dos palabras que Chávez pronunció ante las cámaras al rendirse, "por ahora", se convirtieron en el eslogan que lo catapultó a la fama y, seis años después, al poder. Treinta y cuatro años más tarde, el país sigue gobernado por el movimiento que aquel oficial fundó desde la prisión de Yare.
El golpe Chávez 1992 es uno de esos episodios fundacionales que explican Venezuela contemporánea. Sin aquel madrugón militar no habría chavismo, ni constitución bolivariana de 1999, ni el actual gobierno de Nicolás Maduro Moros. Tampoco se entendería la diáspora que, según ACNUR, supera los siete millones de personas en marzo de 2026.
Qué pasó la madrugada del 4 de febrero de 1992
Cinco unidades militares se movilizaron en Caracas, Maracay, Valencia y Maracaibo bajo el mando del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), una logia secreta que Chávez había fundado en 1982 junto a oficiales jóvenes descontentos con la Cuarta República. El objetivo era capturar al presidente Pérez, que regresaba esa noche de un viaje al Foro Económico Mundial de Davos.
Pérez logró escapar de La Casona, su residencia oficial, y refugiarse en Miraflores. Desde allí, con el apoyo de los altos mandos militares leales, articuló la respuesta. Para las primeras horas de la mañana, los focos de rebelión en provincia habían capitulado. Chávez, atrincherado en el Museo Histórico Militar de La Planicie, también se vio obligado a negociar la rendición.
El saldo oficial fue de al menos catorce militares muertos y decenas de heridos, según los registros del Ministerio de la Defensa de la época. La cifra real de víctimas civiles nunca quedó clara y sigue siendo motivo de revisión histórica.
Los "por ahora" que cambiaron el guion
Para evitar más derramamiento de sangre, el alto mando aceptó que Chávez se dirigiera por televisión a sus compañeros sublevados que aún no deponían las armas. El mensaje, transmitido en cadena nacional pasadas las once de la mañana, duró menos de un minuto. Chávez asumió la responsabilidad del fracaso, pidió a sus camaradas deponer las armas y cerró con la frase que lo inmortalizó.
"Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital." — Hugo Chávez Frías, alocución televisada del 4 de febrero de 1992.
Aquel "por ahora" funcionó como una promesa pública. En un país acostumbrado a que los militares rebeldes negaran su participación o murieran en el intento, ver a un oficial uniformado asumir el liderazgo de una insurrección frente a las cámaras resultó electrizante. El rostro de Chávez quedó grabado en la memoria colectiva.
El contexto: una democracia agotada
La intentona golpista Venezuela de febrero del 92 no surgió en el vacío. Tres años antes, el Caracazo de febrero de 1989 había dejado cientos de muertos cuando el ejército reprimió las protestas contra el paquete de ajustes neoliberales del segundo gobierno de Pérez. Aquella jornada marcó el divorcio definitivo entre las élites políticas del Pacto de Punto Fijo y amplios sectores populares.
Los indicadores económicos de comienzos de los noventa eran sombríos:
- Inflación anual superior al 30 por ciento durante varios años consecutivos.
- Caída sostenida del salario real desde mediados de los ochenta.
- Aumento de la pobreza por encima del 50 por ciento de los hogares, según mediciones del Instituto Nacional de Estadística de la época.
- Desprestigio de los dos partidos tradicionales, Acción Democrática y COPEI.
- Denuncias de corrupción que apuntaban directamente al entorno presidencial.
El malestar atravesaba las Fuerzas Armadas. Oficiales medios, formados en la doctrina bolivariana y golpeados por los recortes, observaban con incomodidad cómo se les ordenaba reprimir protestas civiles. Ese caldo de cultivo alimentó al MBR-200 durante una década entera antes de que decidiera actuar.
Quiénes acompañaron a Chávez
El levantamiento fue obra de un grupo de oficiales medios que después tendrían carreras políticas notables, varios de ellos en el chavismo y otros en su ruptura posterior.
| Oficial | Rol en 1992 | Trayectoria posterior |
|---|---|---|
| Hugo Chávez Frías | Líder principal, comandante en Caracas | Presidente de Venezuela (1999-2013) |
| Francisco Arias Cárdenas | Comandante de la operación en Maracaibo | Gobernador del Zulia, embajador ante la ONU |
| Jesús Urdaneta Hernández | Conspirador del MBR-200 | Director de la DISIP, después crítico del chavismo |
| Yoel Acosta Chirinos | Comandante de tropas en Maracay | Diputado, posteriormente disidente |
El propio movimiento volvió a intentarlo el 27 de noviembre de 1992, esta vez liderado por oficiales de mayor rango como el contralmirante Grüber Odremán y el general Francisco Visconti. Aquel segundo intento, con bombardeos aéreos sobre Caracas incluidos, también fracasó. Pero confirmó que las Fuerzas Armadas estaban profundamente fracturadas.
De la cárcel de Yare a Miraflores
Chávez fue procesado militarmente y enviado al cuartel de San Carlos y luego a la prisión de Yare. Allí pasó dos años escribiendo, recibiendo visitas de intelectuales, periodistas y políticos que comenzaban a verlo como un símbolo. En 1994, el presidente Rafael Caldera —que había justificado moralmente la rebelión en un discurso histórico ante el Congreso— sobreseyó la causa contra los implicados.
Liberado, Chávez recorrió el país durante cuatro años organizando lo que después sería el Movimiento V República. En las elecciones del 6 de diciembre de 1998 obtuvo el 56,2 por ciento de los votos frente a Henrique Salas Römer, según el entonces Consejo Supremo Electoral. Tomó posesión el 2 de febrero de 1999, prometiendo refundar la república.
El programa Aló Presidente se convirtió poco después en su herramienta principal de comunicación política, una extensión de aquella estética televisiva que estrenó precisamente con el "por ahora".
Por qué se sigue conmemorando el 4F
El chavismo elevó el aniversario a fiesta cívico-militar. Cada 4 de febrero 1992 se recuerda con desfiles, alocuciones presidenciales y actos en el cuartel de la Montaña, donde reposan los restos de Chávez desde su muerte el 5 de marzo de 2013. Maduro mantiene el rito y lo utiliza para reafirmar la continuidad ideológica del proyecto.
Para la oposición, en cambio, el aniversario representa el origen de un trauma democrático: la legitimación del golpismo como vía política. Figuras como María Corina Machado han recordado que la fecha también marca el inicio de un ciclo de erosión institucional que, en su lectura, desemboca en las cuestionadas elecciones del 28 de julio de 2024 y la posterior proclamación de Maduro pese a las actas presentadas por la oposición que daban como ganador a Edmundo González Urrutia.
El debate historiográfico sigue abierto. Hay quienes sostienen que la asonada precipitó reformas necesarias y abrió cauce a sectores excluidos. Otros señalan que rompió un consenso democrático imperfecto pero funcional, y que sin el 4F no se entiende la fractura social que alimenta hoy a la mayor migración de América Latina.
El legado simbólico del "por ahora"
Pocas frases políticas latinoamericanas han tenido tanto recorrido como aquellas dos palabras. Funcionaron como acto fundacional para el chavismo y como advertencia para sus adversarios. La oposición, a lo largo de los años, ha intentado apropiarse del giro retórico en distintas coyunturas, sin éxito comparable.
El "por ahora" también ha servido como recordatorio para los analistas de que las crisis venezolanas rara vez se cierran de un golpe. La experiencia del gobierno interino de Juan Guaidó, reconocido por más de cincuenta países entre 2019 y 2023, mostró cómo los procesos políticos en el país tienden a abrirse y cerrarse en ciclos largos sin desenlaces definitivos.
Periodistas y académicos como Margarita López Maya, Alberto Barrera Tyszka o Mirtha Rivero han documentado en distintas obras las décadas previas y posteriores al 4F. Sus trabajos coinciden en un punto: comprender Venezuela exige volver una y otra vez a esa madrugada de 1992. Para entender cómo estos episodios se articulan con la geopolítica regional, los análisis internacionales especializados sobre América Latina aportan contexto adicional.
Preguntas frecuentes
¿Quién era Hugo Chávez antes del 4 de febrero de 1992?
Era un teniente coronel del Ejército venezolano, paracaidista, nacido en Sabaneta, estado Barinas, en 1954. Había fundado en 1982 el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 dentro de las Fuerzas Armadas. Hasta el 4F era un oficial desconocido para el público.
¿Cuántas veces intentó Chávez tomar el poder antes de ganar elecciones?
El MBR-200 protagonizó la rebelión del 4 de febrero de 1992 y participó indirectamente en una segunda asonada el 27 de noviembre del mismo año, esta liderada por oficiales de mayor rango. Chávez llegó al poder finalmente por la vía electoral en diciembre de 1998.
¿Por qué se sobreseyó la causa tan rápido?
El presidente Rafael Caldera sobreseyó la causa en marzo de 1994, dos años después de la intentona. La medida respondía a un cálculo político: Caldera había llegado al poder cuestionando al sistema bipartidista y veía en los militares rebeldes una bandera de descontento social que prefería desactivar por la vía del perdón.
¿Qué relación tiene el 4F con la situación actual de Venezuela?
Es el punto de partida del proyecto político que sigue en el poder. El chavismo gobierna ininterrumpidamente desde 1999, primero con Chávez y desde 2013 con Maduro. La crisis económica, las sanciones internacionales y la diáspora de más de siete millones de personas se enmarcan dentro de ese ciclo histórico iniciado simbólicamente aquel 4 de febrero.
El siguiente paso
El aniversario número 35 del 4F llegará el 4 de febrero de 2027 con un país que sigue debatiendo qué fue exactamente aquella madrugada: una rebelión legítima contra un sistema agotado o el primer eslabón de un ciclo autoritario. Para quienes siguen la política venezolana desde fuera, releer las hemerotecas de 1992 con la perspectiva de tres décadas resulta más útil que cualquier análisis coyuntural: ahí están las claves de un país que aún no termina de cerrar el capítulo que abrió un teniente coronel con dos palabras.
Este articulo tiene caracter informativo y periodistico. Los datos presentados se basan en fuentes publicas verificables.




