El arco minero del Orinoco abarca aproximadamente 111.843 kilómetros cuadrados al sur del río Orinoco, en el estado Bolívar. Representa cerca del 12% del territorio venezolano y alberga reservas de oro, diamantes, coltán, hierro y bauxita.
Desde su creación formal en 2016, esta zona de explotación se ha convertido en el epicentro de una triple crisis: destrucción ambiental acelerada, violaciones de derechos humanos contra pueblos indígenas y redes de corrupción que involucran a actores militares, grupos armados y empresas extranjeras. A marzo de 2026, la minería en Venezuela sigue expandiéndose sin controles efectivos, mientras organizaciones como SOS Orinoco y Provea documentan un deterioro que parece irreversible.
Origen del proyecto: el Decreto 2248 y la apuesta minera
El 24 de febrero de 2016, el presidente Nicolás Maduro Moros firmó el Decreto 2248, que creó la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco. El gobierno presentó el proyecto como una vía para diversificar la economía venezolana, golpeada por la caída de los precios del petróleo y la crisis de PDVSA. La promesa: generar ingresos alternativos al crudo mediante la explotación ordenada de minerales estratégicos.
El decreto otorgó al Ejecutivo facultades para negociar directamente con empresas nacionales y transnacionales, sin pasar por la Asamblea Nacional, que desde las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 estaba controlada por la oposición. Esto generó cuestionamientos legales inmediatos. Juristas y organizaciones ambientales señalaron que el decreto violaba la Constitución de 1999, que exige estudios de impacto ambiental previos y consulta a comunidades indígenas afectadas.
La zona comprende territorios ancestrales de pueblos pemón, ye'kwana, sanema, jivi y kariña, entre otros. Ninguno fue consultado de manera previa, libre e informada, según han documentado tanto Provea como la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).
Impacto ambiental del arco minero: una devastación documentada
El impacto ambiental del arco minero se mide en ríos contaminados, selva arrasada y comunidades desplazadas. La minería artesanal e ilegal de oro, que precede al decreto pero se intensificó tras él, utiliza mercurio de forma masiva para separar el metal de la roca. Este mercurio termina en los afluentes del Orinoco, contaminando fuentes de agua y cadenas alimenticias.
Deforestación y contaminación hídrica
Imágenes satelitales analizadas por SOS Orinoco y la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) han mostrado un avance sostenido de la deforestación en la cuenca del Caroní y áreas circundantes al Parque Nacional Canaima, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Las balsas mineras —conocidas localmente como "dragas"— operan sobre ríos como el Caroní, el Paragua y el Cuyuní, removiendo lechos fluviales y vertiendo sedimentos tóxicos.
La contaminación por mercurio afecta directamente a comunidades indígenas que dependen de la pesca. Investigaciones de la organización Clima21 y de universidades venezolanas han detectado niveles de mercurio en poblaciones indígenas que superan los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Biodiversidad amenazada
- Parque Nacional Canaima: la minería ilegal opera dentro de sus límites y en zonas de amortiguamiento, amenazando uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta.
- Cuenca del Caroní: provee aproximadamente el 70% de la electricidad de Venezuela a través de la represa del Guri. La sedimentación por minería pone en riesgo esta infraestructura crítica.
- Especies en peligro: la destrucción de hábitat afecta a jaguares, nutrias gigantes, águilas arpía y decenas de especies endémicas de la Guayana venezolana.
- Acuíferos subterráneos: la remoción de suelo y el uso de químicos comprometen reservas de agua cuya recuperación tomaría décadas.
El gobierno venezolano ha negado reiteradamente la magnitud de estos daños. En discursos oficiales, funcionarios han calificado las denuncias como campañas internacionales contra la soberanía del país. Sin embargo, informes de la ACNUDH publicados entre 2020 y 2024 corroboran las denuncias de las organizaciones locales.
Los actores: militares, pranatos y el negocio del oro
La minería en Venezuela, particularmente en el arco minero del Orinoco, funciona bajo un esquema donde confluyen el Estado, las Fuerzas Armadas, grupos criminales y mineros artesanales. Esta superposición de actores ha generado un entorno de violencia, explotación laboral y corrupción sistémica.
El rol de la FANB y CAMIMPEG
En 2016, el gobierno creó la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (CAMIMPEG), adscrita al Ministerio de Defensa. Esta empresa otorgó a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) un papel directo en la explotación minera. Según investigaciones de Transparencia Venezuela e InSight Crime, oficiales militares controlan puntos de extracción, cobran "vacunas" (extorsiones) a mineros y participan en el tráfico ilegal de oro hacia países vecinos.
El oro extraído del arco minero sale de Venezuela por múltiples rutas. Investigaciones periodísticas de Reuters, AP y medios regionales han rastreado envíos hacia Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Uganda y Guyana, frecuentemente sin trazabilidad ni certificación de origen. Estas redes han sido vinculadas también con operaciones de narcotráfico documentadas en acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Los "pranatos mineros"
En las zonas de extracción operan los llamados "pranatos": líderes criminales que controlan minas específicas, imponen reglas, cobran porcentajes de la producción y ejercen violencia contra quienes desafían su autoridad. Estos grupos funcionan como poderes de facto en territorios donde el Estado formal tiene presencia limitada o cómplice.
Los mineros artesanales —muchos de ellos migrantes internos desplazados por la crisis económica— trabajan en condiciones de semiesclavitud. Jornadas de más de doce horas, exposición directa a mercurio y cianuro, sin equipos de protección, con pagos en gramos de oro que los pranatos fijan a su conveniencia.
Organizaciones de derechos humanos han documentado casos de trabajo infantil, trata de personas y violencia sexual en campamentos mineros.
Según estimaciones de organizaciones como SOS Orinoco e InSight Crime, la minería ilegal en el sur de Venezuela genera cientos de millones de dólares anuales, una cifra difícil de precisar por la naturaleza clandestina de la actividad, pero que rivalizaría con sectores legales de la economía venezolana.
Pueblos indígenas: los más afectados y los menos escuchados
Los pueblos indígenas del estado Bolívar y del Amazonas venezolano llevan años denunciando la invasión de sus territorios. La expansión del arco minero del Orinoco ha provocado desplazamientos forzados, contaminación de sus fuentes de agua y alimentos, y la destrucción de sitios sagrados.
Líderes pemón han sido amenazados, detenidos y, en algunos casos, asesinados por oponerse a la minería en sus tierras. En febrero de 2019, durante la crisis por el ingreso de ayuda humanitaria por la frontera con Brasil, militares dispararon contra civiles pemón en la comunidad de Kumarakapay, en la Gran Sabana. El episodio, documentado por Foro Penal y medios internacionales, dejó muertos y heridos.
La Organización Regional de Pueblos Indígenas de Amazonas (ORPIA) y organizaciones ye'kwana han presentado denuncias ante instancias internacionales, incluyendo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Las respuestas, hasta marzo de 2026, han sido insuficientes para detener la expansión minera.
| Pueblo indígena | Territorio afectado | Principales amenazas |
|---|---|---|
| Pemón | Gran Sabana, Canaima | Minería ilegal, militarización, desplazamiento |
| Ye'kwana | Alto Caura, Erebato | Contaminación hídrica por mercurio, invasión territorial |
| Sanema | Alto Caura | Enfermedades por mercurio, pérdida de medios de vida |
| Jivi | Norte de Bolívar | Minería en territorio ancestral, violencia |
| Kariña | Mesa de Guanipa, Bolívar | Expansión minera, deforestación |
Corrupción y opacidad: el oro que no se contabiliza
El Banco Central de Venezuela (BCV) ha reportado operaciones con oro en sus reservas internacionales, pero la trazabilidad entre la extracción en el arco minero y las cifras oficiales presenta vacíos enormes. Transparencia Venezuela ha señalado repetidamente la ausencia de rendición de cuentas sobre los contratos firmados al amparo del Decreto 2248.
Empresas de diversos países —algunas registradas en paraísos fiscales— han firmado acuerdos de explotación cuyas condiciones no se han hecho públicas. La falta de independencia del poder judicial venezolano dificulta cualquier recurso legal contra estas concesiones. El impacto ambiental del arco minero se agrava porque no existen mecanismos de supervisión independientes ni auditorías ambientales accesibles.
A nivel internacional, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y la Unión Europea han sancionado a individuos y entidades vinculados con la minería ilegal venezolana. En 2019, Estados Unidos sancionó a la empresa estatal Minerven (Corporación Venezolana de Minería) por su papel en la extracción y comercialización de oro en beneficio del gobierno de Maduro.
Las sanciones, no obstante, no han frenado las operaciones sobre el terreno. La economía paralela del oro ha creado circuitos financieros informales que, según análisis de redes financieras del oro venezolano, permiten al gobierno y a redes criminales evadir parcialmente las restricciones financieras internacionales. Venezuela, que fue fundadora de la OPEP y potencia petrolera, ha visto cómo el oro desplaza parcialmente al crudo como fuente de divisas no fiscalizadas.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el arco minero del Orinoco y dónde se ubica?
El arco minero del Orinoco es una zona de explotación minera de aproximadamente 111.843 km² ubicada al sur del río Orinoco, principalmente en el estado Bolívar. Fue creada por decreto presidencial en febrero de 2016 para explotar reservas de oro, diamantes, coltán, hierro y bauxita.
¿Cómo afecta la minería en Venezuela a los pueblos indígenas?
La minería provoca desplazamiento forzado, contaminación de ríos y fuentes de alimento con mercurio, destrucción de territorios ancestrales y violencia directa. Pueblos como los pemón, ye'kwana y sanema han sido los más afectados, según informes de Provea, la CIDH y la ACNUDH.
¿Es legal la minería en el arco minero del Orinoco?
El gobierno venezolano la considera legal bajo el Decreto 2248. Sin embargo, organizaciones jurídicas y ambientales cuestionan su constitucionalidad por no haberse realizado estudios de impacto ambiental previos ni consultas a pueblos indígenas, ambos requisitos de la Constitución de 1999 y del derecho internacional.
El siguiente paso
A marzo de 2026, ningún mecanismo interno venezolano ha logrado frenar ni regular de forma efectiva la explotación en el arco minero del Orinoco. La presión internacional se ha centrado en sanciones individuales y restricciones comerciales, pero el oro sigue fluyendo por rutas informales hacia mercados globales.
La pregunta operativa ya no es si el daño ambiental y social puede revertirse —científicos y organizaciones coinciden en que parte de la destrucción es permanente—, sino si la comunidad internacional y los actores regionales están dispuestos a exigir trazabilidad real sobre el oro venezolano. Mientras los compradores finales en Dubái, Estambul o Kampala no enfrenten consecuencias por adquirir oro sin certificación de origen, la minería en Venezuela seguirá operando bajo las mismas reglas: extracción sin control, ganancias sin rastro y un territorio que pierde cada día lo que tardó milenios en construir.
Este artículo tiene carácter informativo y periodístico. Los datos presentados se basan en fuentes públicas verificables.





