Viernes, 20 de marzo de 2026 Edición Digital

El Darién: La Selva Mortal en la Ruta de Venezolanos hacia EEUU

El Darién: La Selva Mortal en la Ruta de Venezolanos hacia EEUU

La selva del Darién, una franja de jungla tropical de aproximadamente 100 kilómetros entre Colombia y Panamá, se ha convertido en el tramo más letal de la ruta migratoria que conecta Sudamérica con Estados Unidos. Miles de venezolanos la cruzan cada año arriesgando su vida entre ríos crecidos, grupos criminales y un terreno que no perdona errores. La travesía por el Darién representa, para la diáspora venezolana, la frontera entre la desesperación y la esperanza de llegar al norte.

Qué es el tapón del Darién y por qué lo cruzan venezolanos

El tapón del Darién es el único punto sin carretera en toda la Panamericana, la autopista que conecta Alaska con la Patagonia. No hay caminos pavimentados. No hay puentes. Solo selva densa, montañas empinadas y ríos con corrientes impredecibles. Durante décadas fue una barrera natural que pocos intentaban cruzar. Eso cambió radicalmente a partir de 2021.

La crisis venezolana —con su combinación de colapso económico, represión política y deterioro de servicios básicos— empujó a millones fuera del país. Según datos de ACNUR, la diáspora venezolana supera los 7 millones de personas en marzo de 2026, lo que la convierte en una de las mayores crisis de desplazamiento del hemisferio occidental.

Muchos emigraron primero a Colombia, Ecuador, Perú o Chile. Pero el endurecimiento de políticas migratorias en esos países, sumado a la dificultad para regularizarse y acceder a empleo digno, llevó a una porción significativa a intentar la ruta peligrosa hacia Estados Unidos a través del Darién.

Los venezolanos no son los únicos que cruzan —haitianos, ecuatorianos, colombianos y migrantes de otras nacionalidades también lo hacen—, pero han representado uno de los grupos más numerosos en los registros de tránsito por la selva desde 2022. La situación política bajo el gobierno de Maduro y la falta de opciones legales de migración alimentan este flujo.

La ruta: de Necoclí a la frontera panameña

La travesía típica comienza en Necoclí, un pueblo costero en el golfo de Urabá, departamento de Antioquia, Colombia. Desde allí, los migrantes toman lanchas hasta Acandí o Capurganá, los últimos puntos habitados antes de la selva. El cruce a pie dura entre cinco y diez días, dependiendo de las condiciones climáticas y la condición física del grupo.

Etapas del cruce

  1. Necoclí a Capurganá/Acandí: Travesía en lancha por el golfo de Urabá. Dura entre dos y cuatro horas. Los migrantes pagan entre 40 y 60 dólares por persona.
  2. Entrada a la selva: Desde la costa colombiana, los grupos se internan en la jungla siguiendo senderos marcados por quienes ya cruzaron. No hay señalización oficial.
  3. Cruce de ríos y montañas: El río Atrato y sus afluentes son los obstáculos más peligrosos. Las lluvias tropicales elevan el caudal sin aviso. Las pendientes de barro se vuelven toboganes mortales.
  4. Llegada a Bajo Chiquito o Canaán Membrillo: Primeras comunidades indígenas en territorio panameño donde SENAFRONT (Servicio Nacional de Fronteras de Panamá) registra a los migrantes.
  5. Estaciones de recepción migratoria: Desde allí, los migrantes son trasladados a centros temporales antes de continuar hacia Costa Rica.

Los venezolanos que cruzan el Darién suelen haber gastado sus ahorros en intentos previos de establecerse en otros países sudamericanos. Muchos viajan con niños. Las organizaciones humanitarias han documentado familias enteras cruzando con menores de edad, incluyendo bebés.

Los peligros reales de la selva del Darién

La selva del Darién mata de varias formas. No se trata de un peligro único sino de una acumulación de riesgos que se potencian entre sí.

Grupos criminales y bandas organizadas

Organizaciones criminales operan dentro de la selva cobrando "peajes" a los migrantes. Robos, extorsiones y agresiones sexuales han sido documentados por Médicos Sin Fronteras, ACNUR y organizaciones locales. La presencia de grupos armados como el ELN en zonas fronterizas colombo-panameñas añade otra capa de riesgo. Los llamados "coyotes" o guías cobran entre 300 y 500 dólares por persona, según reportes de prensa de AP y Reuters, pero no garantizan seguridad alguna.

Condiciones naturales extremas

Serpientes venenosas, insectos portadores de enfermedades, deshidratación y agotamiento cobran vidas cada semana. Los ríos crecidos han arrastrado a migrantes que intentaban cruzarlos con cuerdas improvisadas. La humedad tropical supera el 90% y las temperaturas no bajan de 30 grados centígrados durante el día. Las infecciones en heridas abiertas se agravan rápidamente sin acceso a antibióticos.

La cifra invisible de muertos

No existe un registro confiable de fallecidos en el Darién. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha reconocido que las cifras reales superan ampliamente los registros oficiales. Los cuerpos quedan en la selva sin ser recuperados. Estimaciones de organizaciones humanitarias sugieren que cientos de personas mueren cada año en este cruce, aunque la cifra exacta permanece desconocida.

Según datos del gobierno de Panamá, más de 500.000 personas cruzaron el Darién en 2023, un récord histórico. Los venezolanos figuraron entre las principales nacionalidades registradas en los puntos de recepción migratoria panameños.

Por qué la ruta del Darién no se detiene

La pregunta obvia es por qué personas con información sobre los riesgos siguen eligiendo esta ruta peligrosa de Venezuela a EEUU. La respuesta tiene varias capas.

Primero, la situación en Venezuela no mejora de forma sustancial. Tras las disputadas elecciones presidenciales de julio de 2024, Nicolás Maduro Moros se mantuvo en el poder en medio de denuncias de fraude por parte de la oposición liderada por María Corina Machado y el candidato Edmundo González Urrutia. La represión posterior a los comicios —documentada por Foro Penal y la ACNUDH— generó nuevas oleadas de salida del país. La caída sostenida de la producción petrolera de PDVSA limita la capacidad de recuperación económica.

Segundo, los países de tránsito y destino intermedio endurecieron sus políticas. Perú, Chile y Ecuador impusieron requisitos de visa a venezolanos. Colombia, que acoge a aproximadamente 2,9 millones de venezolanos según ACNUR, enfrenta sus propias presiones económicas y sociales. La regularización temporal ofrecida por el Estatuto Temporal de Protección colombiano no alcanza a todos.

Tercero, la percepción —alimentada por redes sociales y contactos familiares— de que llegar a Estados Unidos es posible. Aunque Washington ha implementado restricciones, programas de parole humanitario y acuerdos con terceros países, la demanda de ingreso sigue superando las vías legales disponibles. Para quienes ya agotaron opciones en Sudamérica, la migración por la selva del Darién aparece como el único camino restante.

Cifras y dimensión de la crisis migratoria en el Darién

Año Cruces registrados por Panamá (aprox.) Contexto
2019 Aproximadamente 22.000 Flujo moderado, mayoría cubanos y haitianos
2021 Aproximadamente 133.000 Incremento explosivo post-pandemia
2022 Aproximadamente 250.000 Venezolanos se convierten en grupo principal
2023 Más de 500.000 Récord histórico de cruces
2024 En torno a 200.000-300.000 Descenso parcial tras acuerdos EE.UU.-Panamá
2025 Según estimaciones, entre 80.000 y 150.000 Descenso continuado por políticas restrictivas de Panamá y EE.UU.

Estas cifras reflejan únicamente a quienes fueron registrados por las autoridades panameñas. El número real de personas que ingresan a la selva —incluyendo quienes mueren, regresan o evitan los puntos de control— es mayor.

La respuesta internacional y sus limitaciones

ACNUR y la OIM mantienen presencia en ambos lados de la frontera colombo-panameña. Proporcionan agua, atención médica básica y kits de emergencia en los puntos de recepción. Pero sus recursos son limitados frente a la magnitud del flujo.

El gobierno de Panamá firmó acuerdos con Estados Unidos en 2024 para gestionar el tránsito migratorio, incluyendo financiamiento para deportaciones y mejoras en infraestructura de control fronterizo. Sin embargo, cerrar una selva de 100 kilómetros es logísticamente inviable. Los senderos se multiplican y las redes de tráfico de personas se adaptan.

Colombia, por su parte, ha oscilado entre intentos de control y la aceptación pragmática de que el flujo hacia el norte no se detiene con medidas unilaterales. El corredor humanitario propuesto por varias ONG —una ruta segura con asistencia médica y protección— no ha sido implementado. Los gobiernos de la región lo ven como un incentivo para más migración. Las organizaciones humanitarias argumentan que la gente cruzará de todas formas y que la ruta segura salvaría vidas.

Las implicaciones económicas de esta crisis pesan sobre las familias que quedan atrás. Cada dólar que los migrantes venezolanos envían como remesa sostiene hogares en un país donde el salario mínimo sigue siendo insuficiente.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días toma cruzar la selva del Darién a pie?

El cruce dura entre 5 y 10 días dependiendo de las condiciones climáticas, la condición física de los migrantes y el sendero elegido. En temporada de lluvias el trayecto puede extenderse significativamente por ríos crecidos y barro en las pendientes.

¿Por qué los venezolanos eligen la ruta del Darién en lugar de otras vías?

La mayoría de venezolanos que cruzan el Darién ya intentaron establecerse en otros países sudamericanos sin éxito. El endurecimiento de políticas migratorias en Perú, Chile y Ecuador, sumado a la falta de vías legales directas hacia Estados Unidos, convierte la ruta terrestre por Centroamérica en la opción restante para quienes buscan llegar al norte.

¿Qué organizaciones prestan ayuda humanitaria en el Darién?

ACNUR, la OIM, Médicos Sin Fronteras, UNICEF y la Cruz Roja operan en puntos de recepción en el lado panameño. Proporcionan atención médica, agua potable, alimentos y kits de higiene. En el lado colombiano, varias ONG locales e internacionales asisten a los migrantes antes del cruce.

El siguiente paso

Mientras no existan vías legales, seguras y accesibles para la migración venezolana, la selva del Darién seguirá cobrando vidas. La solución no está en la jungla sino en las capitales: en Caracas, donde la crisis política y económica sigue expulsando ciudadanos; en Washington, donde la política migratoria determina quién puede entrar y cómo; y en Bogotá y Ciudad de Panamá, donde se gestiona —o se ignora— el tránsito diario de miles de personas. El Darién no es solo una selva. Es un termómetro de todo lo que falla en la respuesta regional a la diáspora venezolana.

Este artículo tiene carácter informativo y periodístico. Los datos presentados se basan en fuentes públicas verificables.
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