El Grupo de Lima fue una coalición diplomática latinoamericana creada el 8 de agosto de 2017 en la capital peruana para buscar una salida negociada a la crisis venezolana. La Declaración fundacional la firmaron 12 cancilleres; el bloque llegaría a sumar 14 países con la incorporación posterior de Guyana y Santa Lucía, además de adhesiones puntuales de Bolivia y Ecuador. La iniciativa articuló la mayor presión multilateral contra el gobierno de Nicolás Maduro Moros, pero se diluyó entre 2021 y 2022 sin lograr el restablecimiento del orden democrático en Venezuela. El balance del Grupo de Lima Venezuela muestra los límites de la diplomacia regional frente a un régimen consolidado, una oposición fragmentada y un tablero geopolítico cambiante.
Su disolución de facto coincidió con cambios de signo político en varios gobiernos fundadores, especialmente Argentina, México, Bolivia, Perú y Chile. Para marzo de 2026, con Maduro consolidado tras las disputadas elecciones presidenciales de julio de 2024 y una diáspora que supera los siete millones de venezolanos según estimaciones de ACNUR y la plataforma R4V, el episodio sirve como caso de estudio sobre los límites de la presión internacional Venezuela.
Qué fue exactamente el Grupo de Lima
El Grupo de Lima nació como un mecanismo intergubernamental ad hoc. No se institucionalizó bajo el paraguas de la OEA ni de ningún organismo regional preexistente. Su creación respondió a la imposibilidad de aprobar resoluciones contundentes sobre Venezuela en el Consejo Permanente de la OEA, donde Caracas conservaba aliados suficientes para bloquear iniciativas vinculantes.
La Declaración de Lima, firmada el 8 de agosto de 2017, condenó la ruptura del orden democrático tras la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente impulsada por Maduro un mes antes. El documento desconoció la legitimidad de esa Constituyente, respaldó a la Asamblea Nacional electa en 2015 y planteó una hoja de ruta basada en negociación, elecciones libres y respeto a los derechos humanos.
Los países integrantes
El bloque inicial estuvo conformado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú. Guyana y Santa Lucía se adhirieron poco después, y más adelante se sumarían Bolivia (durante el gobierno interino de Jeanine Áñez) y Ecuador en distintos momentos. Estados Unidos nunca formó parte formal, aunque coordinó posiciones de manera sistemática con el grupo.
La composición reflejaba el mapa político latinoamericano de aquel momento: una mayoría de gobiernos de centroderecha o derecha, con la excepción notable de Canadá. Esa fotografía ideológica resultaría decisiva para entender por qué el grupo Lima países perdió cohesión cuando el ciclo electoral regional cambió de signo.
Cronología de un proyecto diplomático
El recorrido del Grupo de Lima se sintetiza en una secuencia de hitos que marcaron tanto sus momentos de mayor visibilidad como su progresivo debilitamiento.
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 8 agosto 2017 | Firma de la Declaración de Lima por 12 cancilleres en la capital peruana |
| Mayo 2018 | Desconocimiento de las elecciones presidenciales que dieron una segunda victoria a Maduro |
| 4 enero 2019 | Declaración conjunta que califica como ilegítimo el segundo mandato de Maduro |
| 23 enero 2019 | Reconocimiento de Juan Guaidó como presidente encargado por la mayoría del grupo |
| Septiembre 2019 | Activación del TIAR contra Venezuela impulsada por varios miembros |
| 2020-2021 | Salida de México (Gobierno de López Obrador) y de Argentina (Gobierno de Fernández) |
| 2022 | Cambios de gobierno en Chile, Colombia y posteriormente Honduras debilitan el bloque |
| 2024-2025 | El mecanismo queda inoperativo de facto; las gestiones se trasladan a otros foros |
El momento de mayor influencia
El pico de actividad del Grupo de Lima coincidió con el reconocimiento internacional de Juan Guaidó como presidente encargado en enero de 2019. Trece de los catorce miembros respaldaron esa figura, articulada con base en los artículos 233 y 333 de la Constitución venezolana de 1999. Solo México se desmarcó, anticipando la deriva que tomaría tras la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador en diciembre de 2018.
Aquella apuesta movilizó a más de 50 países en el reconocimiento al gobierno interino, congeló activos venezolanos en el exterior y permitió designar representantes diplomáticos paralelos en varias capitales. La estrategia no logró desplazar a Maduro del control efectivo del territorio, las Fuerzas Armadas y PDVSA.
Por qué fracasó: claves de un colapso anunciado
La disolución del Grupo de Lima no obedeció a una sola causa. Confluyeron factores estructurales, errores de cálculo y un cambio profundo del mapa político regional. La oposición venezolana, dividida durante buena parte del proceso, tampoco supo capitalizar el respaldo internacional, como documenta el análisis sobre la historia de uniones y fragmentaciones de la oposición venezolana.
1. El giro político regional
Entre 2018 y 2022, América Latina vivió un ciclo electoral que llevó al poder a gobiernos progresistas o de izquierda en México (2018), Argentina (2019, con regreso del peronismo), Bolivia (2020), Perú (2021), Chile (2022), Colombia (2022) y Brasil (2023). Cada cambio restó un firmante activo al bloque o lo neutralizó. La diplomacia de presión perdió masa crítica.
2. La apuesta por el reconocimiento sin transición
Reconocer a Guaidó como presidente encargado generó una arquitectura paralela sin capacidad operativa dentro de Venezuela. La estrategia asumía un quiebre rápido del régimen que no se produjo. Maduro mantuvo el control de las instituciones, las Fuerzas Armadas y los recursos petroleros, mientras la oposición agotaba capital político en el exterior.
3. La fatiga de las sanciones
Las sanciones impulsadas por Estados Unidos, respaldadas políticamente por varios miembros del grupo, afectaron severamente a PDVSA y a la economía venezolana, pero no provocaron el colapso del régimen. Sí aceleraron la diáspora venezolana, que pasó de poco más de un millón en 2015 a superar los siete millones según estimaciones de la plataforma interagencial R4V para 2025-2026. Los países receptores empezaron a percibir más costos que beneficios en mantener una línea dura.
4. La ausencia de Estados Unidos en la mesa formal
Washington coordinaba posiciones con el grupo, pero nunca se integró formalmente. Esa decisión impidió articular un esquema de incentivos económicos serio que pudiera complementar la presión política, una crítica recurrente en los análisis de CEPAL y centros de estudios sobre relaciones interamericanas.
5. La consolidación interna del chavismo-madurismo
El madurismo demostró capacidad de adaptación. Sobrevivió a la hiperinflación, a las protestas masivas de 2017 y 2019, a una dolarización de facto de la economía y al éxodo migratorio. Las disputadas elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, en las que la oposición liderada por María Corina Machado y el candidato Edmundo González Urrutia reclamó la victoria con base en actas publicadas, no se tradujeron en un cambio de gobierno pese a la condena internacional.
El Grupo de Lima representó la mayor coalición diplomática regional contra un gobierno latinoamericano desde el final de la Guerra Fría. Su fracaso evidencia que la presión internacional, sin actores internos con capacidad de ejecución, raramente resuelve crisis de poder.
El legado: lecciones para la diplomacia hemisférica
El Grupo de Lima dejó de operar, pero sus efectos perduran. Construyó un consenso sobre principios democráticos en la región, sentó precedentes en materia de denuncias ante la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de lesa humanidad —investigación abierta por la fiscalía en noviembre de 2021 y aún en curso— y consolidó información documental aportada por organizaciones como Foro Penal, Provea y la oficina del ACNUDH sobre la situación de derechos humanos en Venezuela.
El bloque también influyó en la arquitectura internacional posterior. Los esfuerzos diplomáticos actuales, descritos en el panorama sobre la situación política de Venezuela en 2026, han migrado hacia formatos más reducidos, como el Grupo Internacional de Contacto liderado por la Unión Europea o las gestiones bilaterales de Noruega y otros mediadores.
Qué sustituyó al Grupo de Lima
- Grupo Internacional de Contacto: liderado por la Unión Europea, con foco en facilitación dialogada
- Mecanismo de Montevideo: impulsado por México, Uruguay, Bolivia y Caricom en 2019, con enfoque negociador
- Negociaciones de México: ronda iniciada en 2021 entre gobierno y oposición con mediación noruega
- Acuerdos de Barbados: firmados en octubre de 2023, sentaron condiciones para las elecciones de 2024
- Gestiones bilaterales: Brasil y Colombia asumieron papeles de interlocución con Caracas tras 2022
El impacto económico paralelo
La presión política del Grupo de Lima coincidió con un endurecimiento de sanciones financieras y petroleras desde 2017. La producción de PDVSA, que en 1998 superaba los 3,2 millones de barriles diarios según datos históricos de la OPEP, cayó por debajo del millón en momentos críticos del periodo 2019-2021. Para 2026, las cifras siguen en niveles modestos respecto al pasado, con licencias específicas otorgadas a Chevron y otras petroleras como vía de oxígeno parcial.
El colapso productivo, sumado al control cambiario heredado de etapas previas y revisado posteriormente —tema desarrollado en el reportaje sobre el control cambiario en Venezuela de CADIVI a la liberación parcial—, configura el cuadro económico que el Grupo de Lima no logró revertir mediante la presión política.
Preguntas frecuentes
¿Qué países dejaron primero el Grupo de Lima?
México fue el primero en marcar distancia, ya en 2018-2019 con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Argentina hizo formal su salida en marzo de 2021 bajo el gobierno de Alberto Fernández. Bolivia abandonó el grupo tras el regreso del MAS al poder en noviembre de 2020.
¿Por qué Estados Unidos no formaba parte del Grupo de Lima?
Estados Unidos optó por coordinar posiciones desde fuera para preservar la naturaleza latinoamericana del bloque y evitar que Caracas lo descalificara como instrumento de Washington. Esa decisión, sin embargo, redujo su capacidad de articular incentivos económicos junto a la presión política.
¿Sigue activo el Grupo de Lima en 2026?
No. El mecanismo está inoperativo de facto desde 2022-2023. Las gestiones diplomáticas sobre Venezuela se canalizan ahora a través del Grupo Internacional de Contacto, las negociaciones derivadas de los Acuerdos de Barbados y mediaciones bilaterales. Para análisis adicionales sobre la región puede consultarse el blog de Piqture Group.
Este articulo tiene caracter informativo y periodistico. Los datos presentados se basan en fuentes publicas verificables.
El siguiente paso
El reto pendiente para la diplomacia regional consiste en construir un mecanismo de seguimiento sobre Venezuela que sobreviva a los ciclos electorales y a las afinidades ideológicas de los gobiernos de turno. Sin esa institucionalidad estable, cualquier nueva coalición corre el riesgo de repetir la trayectoria del Grupo de Lima: alta visibilidad inicial, desgaste progresivo y disolución silenciosa cuando cambian los vientos políticos.






