La comunidad venezolana en República Dominicana se ha convertido en una de las más visibles del Caribe. Según estimaciones de ACNUR y la Dirección General de Migración dominicana, más de 100.000 venezolanos residen en el país, una cifra que ha crecido de forma sostenida desde 2017. Los venezolanos en República Dominicana han transformado barrios enteros de Santo Domingo, Santiago y Punta Cana, aportando talento profesional, emprendimientos gastronómicos y una dinámica cultural que ya forma parte del tejido social dominicano.
Por qué República Dominicana se convirtió en destino migratorio
La migración venezolana hacia República Dominicana no responde a un solo factor. Confluyen la proximidad geográfica, los vuelos directos que existieron durante años entre Caracas y Santo Domingo, el idioma compartido y una economía dolarizada de facto que permite a los migrantes enviar remesas a Venezuela con relativa facilidad.
A diferencia de destinos sudamericanos como Colombia, Perú o Chile, República Dominicana ofrecía hasta hace pocos años una política migratoria flexible para ciudadanos venezolanos. No se exigía visa de turismo, lo que permitía entrar al país y luego buscar regularización. Esa ventana se fue cerrando progresivamente a medida que el flujo aumentaba.
Las oleadas migratorias
La primera oleada significativa llegó entre 2015 y 2017, compuesta mayoritariamente por profesionales de clase media y alta: médicos, ingenieros, contadores, empresarios. Muchos trajeron capital y abrieron negocios.
La segunda oleada, entre 2018 y 2020, incluyó a familias con menos recursos que huían de la hiperinflación y el colapso de servicios básicos.
Tras las disputadas elecciones presidenciales de julio de 2024 en Venezuela, donde el gobierno de Nicolás Maduro reclamó la victoria frente al candidato opositor Edmundo González Urrutia —en unos comicios cuestionados por gran parte de la comunidad internacional—, se registró una tercera oleada. El perfil era más diverso: jóvenes sin perspectivas, activistas políticos y familias completas que perdieron la esperanza de un cambio político. El mapa del reconocimiento internacional al gobierno de Maduro refleja la fractura geopolítica que alimenta esta diáspora.
Geografía de la comunidad venezolana en RD
Los venezolanos en República Dominicana no se distribuyen de forma homogénea. La concentración varía según la actividad económica y las redes de apoyo comunitario.
| Zona | Perfil predominante | Actividad económica principal |
|---|---|---|
| Santo Domingo (Naco, Piantini, Evaristo Morales) | Profesionales, empresarios | Servicios, comercio, consultoría |
| Santiago de los Caballeros | Familias de clase media | Comercio, gastronomía, salud |
| Punta Cana / Bávaro | Trabajadores del turismo | Hotelería, restauración, entretenimiento |
| La Romana | Mixto | Zona franca, turismo, comercio informal |
| Puerto Plata | Emprendedores pequeños | Gastronomía, servicios turísticos |
En el sector de Naco, en Santo Domingo, se concentran restaurantes de arepas, panaderías venezolanas, peluquerías y tiendas de productos importados que los venezolanos llaman "bodegones". Este fenómeno comercial ha generado lo que algunos medios locales denominan "la pequeña Caracas".
Integración económica y tensiones sociales
El aporte económico de la comunidad venezolana en el Caribe dominicano es tangible. Profesionales de la salud venezolanos trabajan en clínicas y hospitales. Ingenieros y arquitectos participan en el boom de construcción de Punta Cana. Contadores y administradores ocupan puestos en empresas locales y multinacionales.
El emprendimiento gastronómico venezolano ha revitalizado zonas comerciales enteras. Sin embargo, la integración no ha estado exenta de fricciones. Sectores de la población dominicana perciben la llegada masiva de venezolanos como competencia laboral, especialmente en empleos de servicios y hostelería.
Las redes sociales amplifican estos roces. Episodios de xenofobia —insultos, discriminación en alquileres, comentarios despectivos— se han documentado con frecuencia.
El desafío de la regularización
La situación migratoria es el principal obstáculo para los venezolanos en República Dominicana. Muchos ingresaron con visa de turismo y se quedaron tras su vencimiento. Otros llegaron con pasaportes vencidos, un problema generalizado dado que el gobierno venezolano dificulta la renovación de documentos a sus ciudadanos en el exterior.
- Visa de residencia temporal: requiere contrato de trabajo y múltiples documentos apostillados, un trámite casi imposible para quienes salieron de Venezuela con lo puesto.
- Visa de inversionista: accesible solo para quienes llegaron con capital, generalmente de la primera oleada migratoria.
- Visa de estudiante: algunos jóvenes venezolanos la usan como vía de regularización mientras cursan estudios universitarios.
- Situación irregular: según estimaciones de organizaciones civiles, entre un tercio y la mitad de los venezolanos en RD carece de estatus migratorio regular, lo que los expone a explotación laboral y limita su acceso a servicios.
La Dirección General de Migración dominicana ha implementado planes de regularización temporales, pero las organizaciones de derechos humanos los consideran insuficientes frente a la magnitud del flujo. La CEPAL ha señalado que la regularización migratoria beneficia tanto a los migrantes como a las economías receptoras, al incorporar trabajadores al sistema fiscal formal.
Redes de apoyo y vida comunitaria
La diáspora venezolana en República Dominicana ha tejido redes de solidaridad que facilitan la llegada de nuevos migrantes. Grupos de Facebook y WhatsApp con decenas de miles de miembros funcionan como bolsas de empleo, mercados de segunda mano y centros de orientación legal.
Organizaciones como Venezuela en RD y asociaciones civiles locales ofrecen asesoría migratoria, apoyo psicológico y programas de inserción laboral. Algunas iglesias evangélicas y católicas se han convertido en puntos de encuentro comunitario, replicando un patrón que se observa en otros países receptores de la migración venezolana.
Gastronomía como identidad
La arepa se ha vuelto omnipresente en las calles de Santo Domingo. Cachapas, tequeños, empanadas y pabellón criollo aparecen en menús de restaurantes que van desde puestos callejeros hasta locales en zonas exclusivas.
Esta explosión gastronómica no solo representa un medio de subsistencia para miles de familias venezolanas, sino un vehículo de integración cultural. Dominicanos que nunca habían probado una arepa rellena de pabellón la incluyen ahora en su dieta habitual. Las finanzas de muchos migrantes venezolanos dependen de estos emprendimientos, que en algunos casos han crecido hasta convertirse en franquicias locales.
El vínculo con Venezuela: remesas y nostalgia
La mayoría de los venezolanos en República Dominicana mantiene lazos activos con familiares en Venezuela. Las remesas enviadas desde RD, aunque difíciles de cuantificar con precisión por la proporción que se mueve por canales informales, representan un sustento para miles de familias en estados como Zulia, Carabobo y Miranda.
La dolarización de facto de la economía venezolana ha simplificado el envío de dinero. Los venezolanos en el exterior transfieren dólares a través de plataformas digitales, y sus familias los reciben directamente o los convierten a bolívares al tipo de cambio paralelo.
La caída sostenida de la producción petrolera de PDVSA ha hecho que las remesas sean, para muchas familias, una fuente de ingresos más estable que cualquier salario en bolívares.
Según la plataforma R4V (Respuesta a Venezolanos), coordinada por ACNUR y la OIM, la diáspora venezolana supera los 7,7 millones de personas a principios de 2026, lo que convierte a Venezuela en uno de los mayores éxodos migratorios del mundo. República Dominicana se ubica entre los quince principales países receptores de la región.
Marco político y relaciones bilaterales
La relación entre República Dominicana y Venezuela ha oscilado entre la distancia diplomática y el pragmatismo. El gobierno dominicano, bajo la presidencia de Luis Abinader —reelegido en 2024 para un segundo mandato—, ha mantenido una posición crítica hacia el gobierno de Maduro, alineándose con el bloque de países que cuestionaron los resultados electorales de 2024.
Esta postura diplomática, paradójicamente, no se ha traducido en políticas migratorias más favorables para los venezolanos. La preocupación dominicana por los flujos migratorios —históricamente centrada en la inmigración haitiana— se ha ampliado para incluir a los venezolanos, y las autoridades han endurecido requisitos de visa y controles fronterizos aéreos.
Las sanciones internacionales contra Venezuela, impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea en distintos grados, añaden complejidad al panorama. Limitan las opciones económicas dentro de Venezuela y, al mismo tiempo, dificultan las transferencias financieras formales entre la diáspora y sus familias.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos venezolanos viven en República Dominicana en 2026?
Las estimaciones varían según la fuente. La plataforma R4V y organizaciones civiles locales sitúan la cifra en torno a 100.000 a 115.000 venezolanos, aunque el número real podría ser mayor si se incluye a quienes se encuentran en situación migratoria irregular y no aparecen en registros oficiales.
¿Qué visa necesita un venezolano para entrar a República Dominicana?
Desde 2019, los ciudadanos venezolanos necesitan visa de turismo para ingresar a República Dominicana, un requisito que antes no existía. La solicitud se tramita ante el consulado dominicano y requiere pasaporte vigente, lo que supone un obstáculo adicional dada la dificultad para renovar documentos venezolanos.
¿Pueden los venezolanos trabajar legalmente en República Dominicana?
Sí, siempre que cuenten con un permiso de residencia que autorice el trabajo. Quienes ingresan con visa de turismo no tienen derecho laboral formal. La regularización requiere un contrato de trabajo, documentos apostillados y el pago de tasas migratorias, un proceso que muchos describen como costoso y burocrático.
El siguiente paso
La comunidad venezolana en República Dominicana enfrenta un momento de definición. Si las autoridades dominicanas implementan mecanismos de regularización más accesibles, miles de trabajadores y emprendedores podrán contribuir plenamente a la economía formal del país. Si se mantiene la tendencia restrictiva, una población significativa seguirá operando en la informalidad, con costos tanto para los migrantes como para el Estado dominicano.
La experiencia de otros países de la región —Colombia con su Estatuto Temporal de Protección, Perú con su Carné de Extranjería— ofrece modelos que República Dominicana podría adaptar a su realidad. La migración venezolana hacia RD no se detendrá mientras persista la crisis en Venezuela. La pregunta relevante no es si seguirán llegando, sino cómo se gestionará su integración.
Este artículo tiene carácter informativo y periodístico. Los datos presentados se basan en fuentes públicas verificables.




