El acuerdo gasífero entre Venezuela y Trinidad y Tobago para explotar el campo Dragon representa uno de los proyectos energéticos más complejos del Caribe. Con reservas estimadas en 4,2 billones de pies cúbicos (tcf) de gas natural, este yacimiento ubicado en aguas venezolanas cerca de la frontera marítima con Trinidad podría transformar el panorama energético de ambas naciones. Sin embargo, las sanciones estadounidenses, la inestabilidad política en Venezuela y los vaivenes diplomáticos han convertido el proyecto en una partida de ajedrez geopolítica que, a principios de 2026, sigue sin resolverse por completo.
Qué es el campo Dragon y por qué importa
El campo gasífero Dragon fue descubierto por PDVSA hace más de una década en aguas territoriales venezolanas, próximas a la frontera marítima con Trinidad y Tobago. La estatal petrolera llegó a construir parte de la infraestructura necesaria antes de que las sanciones de Estados Unidos paralizaran el desarrollo.
El plan contempla la construcción de un gasoducto submarino de 17 kilómetros que conectaría el campo Dragon con la plataforma Hibiscus, operada por Shell en aguas trinitarias. Desde allí, el gas alimentaría las plantas de gas natural licuado (GNL) y la industria petroquímica de Trinidad. La primera fase apunta a una producción de entre 150 y 185 millones de pies cúbicos diarios (MMcfd), con potencial de escalar hasta 350 MMcfd.
Para Trinidad y Tobago, el acuerdo no es un capricho diplomático. La producción gasífera del archipiélago lleva años en declive, y sus plantas de Atlantic LNG operan por debajo de su capacidad instalada. Sin nuevas fuentes de gas, la economía trinitaria —dependiente de la exportación de GNL y productos petroquímicos— enfrenta un futuro incierto. El gas venezolano del campo Dragon es, literalmente, un salvavidas.
Cronología del acuerdo: diez años de negociaciones
La historia del acuerdo gasífero Venezuela-Trinidad y Tobago es un relato de avances, retrocesos y obstáculos geopolíticos. Estas son las fechas clave:
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| Agosto 2018 | Primer acuerdo formal entre la National Gas Company (NGC) de Trinidad, Shell y PDVSA para importar gas del campo Dragon. |
| Abril 2019 | El proyecto queda suspendido indefinidamente por la crisis política venezolana y el endurecimiento de las sanciones estadounidenses. |
| Enero 2023 | La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE. UU. concede una licencia de dos años que permite a Trinidad negociar con PDVSA sobre Dragon. |
| Agosto 2023 | El ministro de Energía trinitario, Stuart Young, se reúne con Nicolás Maduro Moros en el Palacio de Miraflores. |
| Septiembre 2023 | Venezuela y Trinidad firman un acuerdo de explotación conjunta de gas en aguas compartidas. |
| Diciembre 2023 | PDVSA otorga una licencia de 30 años a NGC para desarrollar Dragon, con Shell como operador. |
| Abril 2025 | La administración Trump revoca las licencias OFAC para Dragon y otros campos transfronterizos. |
| Octubre 2025 | OFAC emite una nueva licencia de seis meses (válida hasta abril 2026) que permite retomar negociaciones. |
| Febrero 2026 | Trinidad recibe dos licencias generales de EE. UU. para actividades de petróleo y gas vinculadas a Venezuela. |
La cronología refleja una constante: cada avance en las negociaciones entre Caracas y Puerto España ha dependido de una luz verde desde Washington. El acuerdo gasífero del campo Dragon no es bilateral; es, en la práctica, trilateral.
Los actores del tablero: Shell, NGC y las sanciones
La estructura del proyecto coloca a Shell como operador con un 70% de participación y a la NGC trinitaria con el 30% restante. PDVSA actúa como licenciataria soberana de los derechos sobre los hidrocarburos venezolanos. Este esquema permite que Trinidad acceda al gas sin que Venezuela necesite la capacidad técnica o financiera que PDVSA perdió durante años de desinversión y mala gestión.
El primer ministro trinitario, Keith Rowley, ha liderado personalmente la presión diplomática ante Washington. Según reportes de la prensa caribeña, Rowley agradeció públicamente el apoyo de gobiernos del Caribe —Surinam, Bahamas, Barbados, Antigua y Barbuda, Guyana— para conseguir las licencias estadounidenses.
El factor sanciones
Las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela han sido el principal obstáculo para el desarrollo del gas del campo Dragon. La licencia OFAC de enero de 2023 permitió dos años de negociaciones, pero la revocación de abril de 2025 volvió a paralizar el proyecto. La nueva licencia de octubre de 2025, válida por solo seis meses, introdujo una condición adicional: la participación obligatoria de empresas estadounidenses.
Este ir y venir de licencias genera incertidumbre para los inversores. Shell completó un estudio marino en el campo Dragon durante 2025, recopilando datos para ubicaciones de perforación y diseño del gasoducto, pero la construcción del ducto submarino aún no ha comenzado. Cada cambio de política en Washington reinicia el reloj del proyecto.
El campo Dragon contiene aproximadamente 4,2 billones de pies cúbicos de gas natural. Si el gasoducto de 17 km se completa, Trinidad podría recibir hasta 350 millones de pies cúbicos diarios, suficiente para revitalizar su industria de GNL y petroquímica durante décadas.
Más allá de Dragon: Loran-Manatee y el mapa gasífero compartido
El campo Dragon no es el único yacimiento transfronterizo entre Venezuela y Trinidad y Tobago. El campo Loran-Manatee, descubierto en 1983, contiene reservas estimadas en aproximadamente 10 billones de pies cúbicos (tcf): unos 7,3 tcf del lado venezolano (Loran) y 2,7 tcf del lado trinitario (Manatee).
Shell ya desarrolla la porción trinitaria de Manatee y mantiene conversaciones avanzadas para operar también el lado venezolano. El plan contempla perforar pozos submarinos en Loran y conectarlos a la plataforma de Manatee en aguas trinitarias. Además, BP obtuvo una licencia para el campo transfronterizo Manakin-Cocuina, otro yacimiento compartido entre ambos países.
Estos proyectos, sumados al de Dragon, dibujan un panorama donde la frontera marítima entre Venezuela y Trinidad se convierte en uno de los corredores gasíferos más relevantes del Caribe. Para Venezuela, representan una vía para monetizar reservas de gas que PDVSA no puede desarrollar sola, en un contexto donde la economía venezolana sigue dependiendo casi exclusivamente del petróleo.
El contexto energético regional
El Caribe enfrenta una transición energética desigual. Mientras algunas islas apuestan por renovables, la mayoría sigue dependiendo de combustibles fósiles importados a precios elevados. El gas natural de los campos venezolano-trinitarios podría ofrecer una alternativa más limpia que el fuel oil y el diésel que alimentan las plantas eléctricas de la región.
Trinidad y Tobago, como principal exportador de GNL del Caribe, tiene la infraestructura para procesar y redistribuir ese gas. Pero sin nuevas fuentes de suministro, su papel como hub energético regional se erosiona cada año. La urgencia trinitaria explica la persistencia diplomática de Rowley ante Washington y Caracas.
Venezuela: entre el gas y la geopolítica
Para el gobierno de Nicolás Maduro Moros, el acuerdo gasífero con Trinidad y Tobago ofrece beneficios económicos y diplomáticos. Económicamente, permite generar ingresos por un recurso que Venezuela no puede explotar por sí sola dadas las limitaciones técnicas y financieras de PDVSA. Diplomáticamente, refuerza los lazos con un vecino caribeño y demuestra que Caracas puede mantener relaciones comerciales pese a las sanciones.
Sin embargo, la capacidad de Venezuela para cumplir sus compromisos contractuales genera dudas razonables. PDVSA acumula deudas significativas con socios internacionales. Según reportes de prensa especializada, la deuda de Venezuela con ENI —que opera el campo gasífero Perla en una empresa conjunta con Repsol— ascendía a aproximadamente 2.300 millones de dólares a mediados de 2025. La revocación de la licencia OFAC de Repsol en marzo de 2025 complicó aún más la recuperación de esas deudas.
El acuerdo de gas entre Venezuela y Trinidad se enmarca en un patrón más amplio de las relaciones internacionales de Venezuela: Caracas necesita socios que operen donde PDVSA no puede, mientras intenta mantener la soberanía sobre sus recursos. Es un equilibrio frágil que depende tanto de la voluntad política como de las decisiones que se tomen en Washington.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el campo de gas Dragon entre Venezuela y Trinidad y Tobago?
El campo Dragon es un yacimiento de gas natural ubicado en aguas territoriales venezolanas, cerca de la frontera marítima con Trinidad y Tobago. Contiene reservas estimadas en 4,2 billones de pies cúbicos. El proyecto contempla un gasoducto submarino de 17 km para transportar el gas a instalaciones de procesamiento trinitarias operadas por Shell.
¿Por qué Estados Unidos debe aprobar el acuerdo gasífero Venezuela-Trinidad?
Porque las sanciones estadounidenses contra Venezuela prohíben transacciones comerciales con PDVSA y el gobierno venezolano. Cualquier empresa que participe en proyectos con Venezuela necesita una licencia específica de la OFAC, la oficina del Tesoro de EE. UU. que administra las sanciones. Sin esa licencia, Shell, NGC y otros actores se expondrían a sanciones secundarias.
¿Cuándo empezará a producir gas el campo Dragon?
A abril de 2026, la construcción del gasoducto submarino aún no ha comenzado. Aunque Shell realizó estudios marinos en 2025, los repetidos cambios en las licencias OFAC han retrasado el cronograma. La licencia vigente, emitida en febrero de 2026, ofrece un marco legal más estable, pero no hay una fecha confirmada para el inicio de la producción.
El siguiente paso
Las licencias generales obtenidas por Trinidad en febrero de 2026 representan el marco regulatorio más favorable que el proyecto Dragon ha tenido desde su concepción. Pero un marco legal no construye gasoductos. Shell necesita certidumbre a largo plazo —no licencias de seis meses— para comprometer las inversiones multimillonarias que requiere la infraestructura submarina. Trinidad necesita gas antes de que sus plantas de GNL pierdan competitividad. Y Venezuela necesita demostrar que puede ser un socio confiable pese a la crisis institucional que arrastra desde hace años.
El acuerdo gasífero del campo Dragon entre Venezuela y Trinidad y Tobago sigue siendo, a principios de 2026, una promesa enorme y una realidad incompleta. Los próximos meses determinarán si finalmente pasa de los documentos firmados a los pies cúbicos extraídos. Para seguir el contexto geopolítico de estos acuerdos, el análisis sobre la posición de Venezuela en la ONU ofrece claves sobre cómo Caracas maneja sus alianzas internacionales.
Este artículo tiene carácter informativo y periodístico. Los datos presentados se basan en fuentes públicas verificables.






